[ Inicio ] - Informativo ICTJ Colombia y las Américas - No.2 | Mayo 2008

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Memoria Histórica

Verdad y memoria para reparar, reconstruir y participar

Entrega de armas

Foto: Louis Bickford/ICTJ

El Centro Internacional para la Justicia Transicional, programa Colombia, se complace en abrir una colaboración con el International Justice Tribune, revista virtual dedicada a la justicia criminal y distribuida dos veces por mes www.justicetribune.com. En un esfuerzo compartido por dar a relucir el impacto que los memoriales y monumentos a víctimas de genocidios pueden tener en una sociedad afligida, a continuación presentamos el primer artículo sobre el tema. El monumento de Halabja en Irak ha causado protestas y manifestaciones por familiares de víctimas de la masacre de Halabja, donde perecieron 200,000 kurdos bajo órdenes del temible Ali Hassan Al- Majid, primo de Saddam Hussein, en marzo de 1988.

Con la intención de dar a conocer una serie de memoriales en los siguientes cuatro meses, abrimos la discusión sobre las políticas necesarias para que un memorial sirva efectivamente como representación de un conflicto, re dignifique a sus víctimas y aparezca como un ejercicio legítimo de reparación simbólica. Nos gustaría tener conocimiento acerca de aquellos monumentos hechos para recordar a víctimas del conflicto colombiano.

Si tiene información, favor comunicarse a bogota@ictj.org.
 
 
Halabja, el “regalo” en brasas

En 2001, Jalal Talabani, reconocido líder Kurdo y actual presidente de Irak, decidió construir un monumento en memoria de 5,000 kurdos que perecieron en Halabja el 16 de marzo de 1988 bajo órdenes de Ali Hassan Al- Majid, primo de Saddam Hussein. La masacre de Halabja fue el inicio de las hostilidades de la cruel campaña de Anfal, por la cual murieron entre 120,000 y 200, 000 kurdos. Al Majid, conocido por su alias “ Ali el químico”, fue sentenciado a muerte por genocidio en junio de 2007 por el Alto Tribunal Iraquí. Su ejecución, aprobada por el Consejo Presidencial Iraquí, fue eminente y se realizó a principios de 2008.

 

Desde su concepción, el memorial de Halabja fue un acto político. Su director, Sarkhel Ghafar Hama- Khan lo describió como “ un regalo para el pueblo”, sin embargo la población local no tuvo una participación significativa en su creación. El monumento también contribuyó a la estrategia de Talabani para incrementar su base de poder, después de la guerra fratricida con el otro líder kurdo Massoud Barzani. Este conflicto finalizó en 2001 con la división de la zona Kurda, hoy autónoma, entre: el este para Talabani y el oeste para Barzani.

 

Diseñado por Jamal Baker Qassab, arquitecto de la amplia ciudad kurda de Souleimaniah, el memorial es un edificio circular, coronado con la bandera kurda y una flecha dorada que penetra una mano estilizada con 16 dedos, en referencia a marzo 16. El estilo es deliberadamente monumental. La flecha, en particular, evoca aquella arquitectura de gran escala de la era de regímenes autoritarios en la región (como el monumento a mártires de FLN en Argelia, el reloj gigante construido en Bagdad y la torre Azadi en Teherán). En el interior se encuentran 5,000 placas con los nombres de las víctimas, hechas en granito negro. Una sala adjunta y amplia fue asignada para mostrar fotos de la tragedia y la reconstrucción de escenas horripilantes representativas de la masacre (maniquís de hombres, mujeres y niños heridos y caídos en las puertas de sus casas). Se exhiben también pinturas de artistas kurdos y los restos de rockets.

 

El monumento se inauguró en septiembre de 2003, seis meses después de la invasión norteamericana. El acto tomó lugar con la presencia de los dos patriarcas kurdos, Talabani y Barzani; representantes de sus partidos; el previo Secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, y el antiguo director de la Coalición de la Autoridad Provisional Paul Bremer; así como un “público de miles”, según el director del monumento en el momento, Ibrahim Hawramani. Con igual orgullo, su sucesor, Ghafar Hama-Khan, anunció los visitantes internacionales presentes en la ocasión: “periodistas norteamericanos, españoles y franceses, embajadores, etc”. Y si se le insistía, adicionaba que “efectivamente todas las familias de las víctimas fueron partícipes”.

 

De acuerdo con un artículo del New York Times de marzo 2006, los residentes de Halabja sintieron que el poder kurdo los utilizaba para “atraer atención de extranjeros” y “obtener ayuda internacional”. Sin embargo esta ayuda nunca se invertiría en mejorar la ciudad o en sus necesidades particulares. “Se han gastado millones de dólares, pero ninguno nos ha llegado a nosotros”, un residente manifestó al New York Times. Otro se quejó ya que “a los visitantes extranjeros los traen para ver el monumento, pero no los motivan para conocer la ciudad”. Con la ubicación del monumento, justo a la entrada de Halabja, un visitante extranjero no presencia la magnitud de la devastación que sufrió esta ciudad. Halabja, se encuentra en el sur del territorio Iraquí- Kurdo, cerca a la frontera con Irán, región que no se benefició del crecimiento económico que se dio en otros lugares, cercanos a Turquía.

 

Saqueado e incinerado

 

Kurdistan

Foto: Louis Bickford/ICTJ

El resentimiento de la comunidad se manifestó durante el aniversario número dieciocho del ataque químico, en marzo 16 de 2006. Según Mariwan Hama-Saeed, joven periodista kurdo que presenció los acontecimientos del día, alrededor de 150 personas se reunieron para protestar ante las delegaciones oficiales. Venían expresando su insatisfacción por toda Kurdistán y hasta alertaron a las autoridades de su intención de protestar públicamente. Reuters evidenció que gritaron frases hostiles en contra de representantes del gobierno. La policía reaccionó y las tensiones se agudizaron. Un joven de diecisiete años fue herido por un disparo con arma de fuego de la policía y murió inmediatamente. Residentes afligidos se unieron a la protesta (se calcula que el número varió entre 1500 y 5000). Al final del día, el memorial fue saqueado y quemado.

Durante una rueda de prensa improvisada, un representante del partido de Talabani sugirió que “elementos externos” habían manipulado a los protestantes. Claramente se refería a la oposición islamista. Según Ghafar, su director, el memorial ofendió la sensibilidad fundamentalista, la cual postulaba la construcción de tumbas como idolatría. Hosham Dawod, un investigador iraquí para el Centro Nacional de Investigación Científica de Paris, dice que en esta zona se ha establecido el grupo Ansar Al- Islam, de procedencia Suni Islamista. Piensa que la gran influencia que ha tenido, afectó los dos partidos kurdos, quienes se han visto en problemas para mantener su incidencia local. Los islamistas comenzaron a moverse a la zona antes del 2003, aprovechando la frontera con Irán, país que buscaba mantener la estabilidad política.

 

Sin embargo, en las fotografías de la protesta, no aparecen individuos con carácter Salafism, distintivos por sus barbas u otros signos representativos. Lo que se evidencia son jóvenes en sus veintes. Ghafar admitió que eran “estudiantes, originarios de Halabja, quienes retornaba a la ciudad por motivos de la conmemoración de la tragedia”. El hecho que hayan viajado ese día demuestra que el monumento tenía cierta notoriedad, más como símbolo político, que como un lugar para la memoria colectiva. Taha Sleman, miembro de una organización que motiva actos conmemorativos en la región, dijo que los signos de resentimiento eran evidentes, y particularmente en Halabja después del 2005, sin embargo eran menores y no estaban necesariamente relacionados con el monumento. Para Louis Bickford del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ) “dado el crecimiento de la ciudad, (el monumento) se había convertido en una plaza central sustituta de la original”.

 

“Cementerio simbólico”

Cuando Bickford visitó el memorial, se impresionó por la reconstrucción de las escenas donde la masacre ocurrió, que de alguna forma lo hacían recordar el Museo de Hiroshima. Al igual que las fotografías, estas escenas, tenían un realismo crudo y evidenciaban actos extremadamente violentos. Uno debe preguntarse el efecto que este tipo de imágenes pueden tener en los sobrevivientes, y si su intención está o no más orientada a convencer un público extranjero, que a asistir a aquellos que sufrieron.

 

Joost Hiltermann, vicepresidente del programa de Medio Oriente para el International Crisis Group y autor del libro sobre la campaña de Anfal, notó que, iniciando en el 2005, grupos de manifestantes se congregaron el día de la conmemoración en otro lugar- donde las exhumaciones de fosas comunes se realizaron en 1998. El alcalde de Halabja, Khidr Kareem Muhamad explicó que este lugar, más modesto y mejor involucrado en el tejido urbano, se desarrolló en 1992, también bajo órdenes de Talabani.

 

Para Loqman Abdelkader Mohamed, miembro de la Chemical Attack Victims Association este sitio no es “un lugar de poder”, sino un “cementerio simbólico”. Familiares de víctimas organizaron allí los re- entierros de huesos de sus seres queridos, en tumbas individuales. El ambiente es modesto: tumbas y una estatua de mármol. Con la destrucción del “gran memorial”, los actos de conmemoración se llevaron a cabo en este lugar en 2007 y 2008. Ghafar insiste en la necesidad de que la municipalidad consulte a “todas las organizaciones” para preparar el nuevo programa. En cuanto al memorial, se está reconstruyendo, con el mismo diseño original. El trabajo finalizará este verano. Según el Alcalde de Halabja, Talabani financió la construcción “con ayuda de compañías locales”. En otras palabras continuará siendo un “regalo del presidente” para la gente.

 

Por Philippe Mischlowsky, Paris

Para el INTERNATIONAL JUSTICE TRIBUNE , marzo 17- Abril 6, 2008

Traducción por el Centro Internacional para la Justicia Transicional, programa Colombia. Agradecemos a International Justice Tribune por dejar reproducir este texto en el informativo para Colombia y las Américas, mayo 2008. Todos los derechos reservados.

 

Área de Comunicaciones, ICTJ- Colombia

 

 


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